Actividades
Entre chacras, bodegas y estancias: Neuquén invita a viajar más lento y más cerca de la tierra
Hay viajes que se miden en kilómetros y otros que se sienten en los sentidos. En Neuquén, el agroturismo propone justamente eso: bajar un cambio, abrir la tranquera y dejarse llevar por el ritmo de la vida rural. Entre viñedos, olivares, corrales y mesas largas bajo el cielo patagónico, la provincia consolida una propuesta que combina producción, tradición y experiencias auténticas.
Con casi 30 establecimientos habilitados —algunos con alojamiento y otros dedicados a visitas y degustaciones— Neuquén viene trabajando desde 2024 en profesionalizar esta red de emprendimientos. La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, acompaña a productores que deciden abrir sus puertas para mostrar cómo trabajan y qué los hace únicos. No se trata solo de sumar atractivos turísticos, sino de transformar la tarea cotidiana en una vivencia compartida.

La mayor concentración de propuestas se encuentra en la Región Confluencia, donde localidades como Centenario, Plottier, Senillosa y la ciudad de Neuquén reúnen chacras, casas de té y bodegas que invitan a recorrer frutales, probar productos recién elaborados y conocer de cerca las historias familiares detrás de cada emprendimiento. En el Alto Valle, el paisaje productivo se convierte en escenario: hileras de manzanos y perales, hornos encendidos y anfitriones dispuestos a compartir saberes.
Uno de los grandes protagonistas es el vino. En el corredor vitivinícola de San Patricio del Chañar, bodegas como Familia Schroeder, Bodega Malma y Secreto Patagónico ofrecen recorridos por viñedos, degustaciones guiadas y propuestas gastronómicas que resaltan los sabores regionales. La particularidad de Neuquén es su diversidad de suelos, que da lugar a perfiles de vino bien diferenciados y cada vez más reconocidos. La experiencia no termina en la copa: muchas bodegas suman cocina de autor con productos locales, ideal para quienes disfrutan del maridaje perfecto entre paisaje y plato.

Pero el agroturismo neuquino va mucho más allá del enoturismo. En el Alto Neuquén y la Región de los Lagos, las estancias aportan una dimensión histórica y cultural muy fuerte. En zonas como Junín de los Andes, El Cholar o Loncopué, las familias mantienen tradiciones centenarias vinculadas a la ganadería y la vida de campo. Algunas estancias abren sus tambos y muestran el proceso de elaboración de quesos artesanales; otras invitan a cabalgatas por laderas con vistas al volcán Lanín o a ríos de aguas cristalinas.
También hay propuestas que integran identidad y comunidad, como experiencias de turismo rural mapuche, donde el visitante puede conocer prácticas ancestrales, gastronomía típica y la relación profunda con el territorio.

Entre los productos estrella aparecen manzanas, peras, aceite de oliva, frutos secos, trucha y chivo patagónico. Comprar directo al productor en una feria o degustar un queso recién hecho es parte del encanto: aquí los sabores no recorren miles de kilómetros antes de llegar al plato.
¿La mejor época para ir? La primavera y el otoño suelen ser ideales: el clima es agradable y el paisaje se luce, ya sea con los frutales en flor o con los viñedos teñidos de rojo y dorado. En verano también es una gran opción para combinar con ríos y lagos, mientras que el invierno suma el atractivo de la nieve en la zona cordillerana.

Neuquén invita a viajar sin apuro, a escuchar el relincho de un caballo al amanecer y a brindar con un vino nacido a pocos metros. Un destino para quienes buscan algo más que una foto: una experiencia que se queda en la memoria mucho después de cerrar la tranquera.
