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Tu perro come mejor que vos: los restaurantes donde tu compañero peludo es estrella
Si pensás que salir a comer con tu perro significa conformarte con lo que sobre de tu plato, dejá de leer aquí y anda a descubrir Merope. Te va a cambiar la vida.
En Buenos Aires hay una revolución silenciosa sucediendo en los restaurantes: los perros ya no son huéspedes tollerados, sino verdaderos comensales con menú propio. Y no estamos hablando de cualquier menú. Merope, ese restó de Palermo con vibes colombianos que tiene todos enamorados, llevó esta idea al siguiente nivel. Mientras vos disfrutás de un brunch gourmet con siete opciones diferentes de huevos, tu compañero peludo se pone a devorar muffins y cookies hechas especialmente para él. Pollo con zanahoria, avena con manzana: opciones que suena más a carta de un spa que a comida para perros.
Lo mejor del asunto es que alguien en la cocina tuvo la genialidad de hacer las cookies con forma de huesitos. Sí, huesitos. El resultado es tan adorable que terminarás sacando más fotos de las galletitas de tu perro que de tu propio plato. Y créeme, eso que no es poco considerando que la comida en Merope vale la pena fotografiar.
Cuando el menú del perro rivaliza con el tuyo

La experiencia de comer con tu mejor amigo en Merope no es un gesto de tolerancia ni un detalle secundario. Es parte de la propuesta gastronómica genuina del lugar. Los dueños entendieron algo fundamental: si traés a tu perro a desayunar, querés que disfrute tanto como vos. Por eso la carta canina no es un invento de marketing, sino un verdadero esfuerzo culinario.
Para los humanos, las opciones son tan variadas como tentadoras. Podés elegir entre diferentes preparaciones de huevos, acompañamientos frescos y esos postres típicos colombianos que los mendocinos ya conocen bien. El Cali, ese postre de maracuyá que es dulce sin ser empalagoso, vale la pena probar aunque sea solo por el nombre.
Ubicación estratégica, ambiente inmejorable

Merope está en Gurruchaga 1887, en el corazón de Palermo. La zona es perfecta para pasear con tu perro después de comer: calles arboladas, cafeterías, galerías y tiendas dónde podés entrar sin culpa si dejás a tu compañero en una terraza vigilado. El barrio respira ese aire de Europa casual que tanto amamos los porteños, pero con identidad propia.
Lo importante es que cuando llegues con tu perro, no sentirás esas miradas incómodas de otros comensales. Acá tu amigo de cuatro patas es bienvenido de verdad. Los mozos lo van a saludar, la gerencia va a preguntar cómo está, y si en algún momento mirás el plato de tu perro con envidia, nadie va a juzgarte.
Así que ya sabés: la próxima vez que planifiques un brunch en Buenos Aires y no sepas qué hacer con tu perro, dejá de dudar. Llevalo a Merope, miralo disfrutar de sus cookies en forma de huesitos, y descubrí por qué este restaurante se convirtió en el favorito de todos los porteños que aman a sus perros tanto como aman comer bien.
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