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Argentina, país pet-friendly: Diez años que cambiaron la forma de viajar y compartir espacios

Cafés con bebederos en la vereda, hoteles que ofrecen kits de bienvenida y opciones de transporte que los contemplan ya no son una rareza. Este 2026 se cumplen diez años de una norma que marcó un punto de inflexión y aceleró una transformación cultural profunda: el camino hacia un país cada vez más pet-friendly.

La sanción de la Ley 27.330, que prohibió las carreras de perros en todo el territorio nacional, fue mucho más que una medida puntual contra el maltrato. Representó un cambio de mirada: por primera vez, el bienestar de los animales domésticos se instaló con fuerza en la agenda pública. A partir de allí, se consolidó una sensibilidad social que hoy atraviesa hábitos, consumos y, por supuesto, la manera de viajar y disfrutar el tiempo libre.

Los números ayudan a dimensionar el fenómeno. Estudios recientes muestran que ocho de cada diez hogares argentinos conviven con animales de compañía y que la enorme mayoría los considera parte de la familia. Esta realidad modificó rutinas y también expectativas: salir a comer, recorrer una ciudad o planificar vacaciones ya no se piensa igual cuando se viaja acompañado por un perro o un gato. El turismo, atento a estas demandas, empezó a adaptarse.

Ser pet-friendly no significa solo “permitir” la presencia de animales en determinados espacios. Se trata de una cultura que contempla seguridad, comodidad y reglas claras de convivencia para todos. En ese sentido, en la última década crecieron las propuestas gastronómicas con mesas al aire libre habilitadas, los alojamientos que aceptan animales de compañía y hasta los barrios donde pasear con ellos es parte del paisaje cotidiano.

Buenos Aires fue pionera en este proceso. Desde mediados de la década pasada, la ciudad habilitó la permanencia de perros y gatos en sectores externos de bares y restaurantes, algo impensado años atrás. El crecimiento fue sostenido y acompañó una tendencia clara: cada vez más personas eligen locales donde pueden sentarse a tomar un café sin dejar a su compañero atado afuera. Para muchos viajeros, este detalle puede definir dónde parar durante una escapada urbana.

El transporte también tuvo avances clave. En la Ciudad de Buenos Aires, el Subte permite el traslado de perros y gatos bajo ciertas condiciones, una medida que acerca al país a prácticas habituales en grandes capitales del mundo. Más recientemente, se habilitó el viaje de animales de compañía en servicios de larga distancia, abriendo nuevas posibilidades para recorrer el país sin separarse de ellos.

Argentina lidera en tenencia de animales y avanza hacia una cultura pet-friendly. (Foto: Adobe Stock)

Este cambio impacta de lleno en el turismo interno. Al momento de elegir destino, una parte significativa de los viajeros prioriza lugares donde sus perros o gatos sean bienvenidos. Si no es posible llevarlos, surgen alternativas como guarderías especializadas o espacios de cuidado temporario, un servicio que también creció al ritmo de esta nueva realidad.

La Argentina, además, se destaca a nivel global por su alta tenencia de animales domésticos. Estudios internacionales la ubican desde hace años entre los países con mayor proporción de perros y gatos por habitante, una condición que refuerza su perfil de país “mascotero” y explica por qué la cultura pet-friendly sigue expandiéndose.

Cafeterías pet friendly para merendar en la Ciudad de Buenos Aires con tu mascota

De cara al futuro, el desafío es claro: acompañar esta transformación con regulaciones homogéneas y propuestas responsables en todo el territorio. Viajar con animales de compañía ya no es una excepción, sino una tendencia en alza. Para quienes recorren el país, esto se traduce en más opciones, mayor libertad y la posibilidad de compartir experiencias inolvidables sin dejar a nadie en casa.

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